63 días en solitario, la odisea de Ed Gillet

21
Ene, 2019
La siguiente es una traducción de la nota “Ed Gillet’s 63 Day Solo Odyssey”  escrita por Neil Schulman para Adventure Kayak Magazine.
kayak, cruce, pacifico, Hawaii, California
foto por Robert Zaleski

 

Hubo días en que los mahi-mahi azules y dorados jugueteaban alrededor de su kayak como cachorros, cuando el mar era de un perfecto azul francia y los vientos alisios lo hacían navegar 80 millas por día (148 km/día).  Pero también se metió potentes analgésicos para calmar el dolor de las llagas de agua salada y así poder sostener su pala. Se quedó sin provisiones cuando ya se había comido toda su pasta dental. Las olas pegando en sus cockpit hacían imposible poder dormir. Y cuando Manua Kea apareción en la mira de su sectantes -si, usó un sectante- estaban tan confundido y cansado que la maldijo por obstruir el horizonte que necesitaba para calcular su posición. En el momento en que su proa finalmente hizo una zanja en el arena de Maui, la única persona que había para felicitarlo era un borracho local tambaleándose por toda la playa. Fue igual la fanfarria que recibió cuando dejó San Diego 63 días y 2.200 millas (4.074 km) antes: ninguna.

La travesía en solitario de Ed Gillet’s sucedió en 1987. El mismo año Michael Jackson lanzaba Bad y los bebés que nacían se convertirían en lo que hoy llamamos Millennials. Esto fue antes de los sponsors y el seguimiento en Internet. Él no usaba un sextante por nostalgia náutica: Loran y Omega, los sistemas de navegación de ese entonces, no sobrevivían a un viaje en kayak. Remó en un Necky Tofino amarillo sin modificar, un kayak doble de 6.1m cargado con más de 270 kg de provisiones que mantuvieron a Gillet vivo. Su progreso fue más lento de lo que planeaba: había previsto 40 días, se quedó sin comida a los 60 días y desembarcó a los 64. La gente pensaba lo más probable era que había muerto. Sus parientes contactaron a la guardia costera de EEUU, al comandante de la armada e incluso al presidente de ese momento, Ronald Reagan, para que intenten encontrarlo en el vasto océano Pacífico.

El viaje de Guillet desde California hasta Hawaii fue el primero de los grande cruces en kayaks modernos. Fue un tipo de travesía completamente diferente a las expediciones costeras más difíciles e incluso a las circunnavegaciones de islas. Un viaje mucho más duro de los que la mayoría de los kayakistas pueden imaginar. Sólo un puñado de palistas lo saben: Gillet, R.W. Hand, quien intentó dos veces y falló en repetir el viaje de Gillet, Aleksander Doba por el Atlántico en 2014, Sarah Outen en su viaje alrededor del mundo, Scott Donaldson, James Castrission, Justin Jones y luego Andrew McAuley en el mar de Tasmania.

Es fácil soñar con remar el Pasaje Interior de Alaska, alrededor de Sardina, Islandia o cualquier otra línea costera o archipiélago del mundo, porque esos viajes son sólo extensiones en tiempo, distancia y dificultad de los que hacemos los fines de semana.  Cuando estoy en un viaje de dos semanas fácilmente me puedo imaginar qué divertido hubiese sido haber seguido remando; debería conseguir más comida, entrenar más y ver qué hay después del próximo punto, y del próximo y del próximo ¿Pero cruzar un vacío que es siempre igual? Quizá no.

Gillet describe sus noches como campamentos aunque estuviese en cualquier lugar del Pacífico donde haya inflado sus flotadores, tirado su ancla de mar y garabateado en su cockpit dentro de una húmeda y salada bolsa de dormir.

“Cada campamento nocturno tiene una sensación diferente -intento memorizar cómo es cada lugar así puedo reconocerlo otra vez. En el océano las referencias son sutiles pero las hay,” le dijo a Dave Shively en 2003. Suena raro para mi, pero supongo que los navegantes oceánicos conocen bien ese sentimiento.

La travesía de Guillet desde California a Hawaii es a la navegación costera lo que un viaje espacial es a un vuelo en avión. La gente común vuela todo el tiempo, tal como muchos reman por la costa, suben montañas o bajan ríos. Esperamos tocar tierra de manera segura y hacemos planes para cenar después de aterrizar en algún aeropuerto o desembarcar en alguna playa. Los viajes espaciales, por otro lado, son la jurisdicción de unos pocos para quienes esos viajes traen peligros pero también una visión única de nuestro planeta.
Guillet remó dentro de un enrarecido y aislado mundo, dependiendo sólo del único sistema de soporte vital que llevó consigo. Cuando finalmente desembarcó y dió los primero pasos por la playa de Maui, sus piernas colapsaron. Era un astronauta volviendo a la tierra luego de un largo tiempo sin gravedad.

Neil Schulman escribe sobre la rica herencia del kayak en “Reflexiones”. El único consejo de Ed Gillet es que si quieres intentar este cruce: «Agarrá más comida».

 

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