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Travesía Los Altares – Las Plumas

29
Mar, 2019

 

Esta es la bitácora de Julián Huenuleufu de su travesía en kayak por el Río Chubut desde Los Altares hasta Las Plumas.

 

Prólogo

La primera vez que hablé de navegar el río Chubut fue con Nicolás Alfageme, durante nuestra travesía Huenune en el ámbito del Parque Nacional Los Alerces. Finalizaba el año 2007. Yo recién me largaba a navegar. En el 2013, después del fiordo Comau, el Tano y su socio Pablo iniciaron el análisis para una travesía en el río Chubut que, lamentablemente, nunca se concretó.

Ahora la conjunción planetaria parece ser favorable. Martín y yo hemos convenido con Pablo Passera su realización. Sí, Pablo Passera. El mismo que en el 2011 me dio la clave para concertar con Sergio Camacho la navegación del río Santa Cruz.

 

1 de Marzo de 2019.

El reloj marca las 9 horas pasadas cuando cierro con llave la puerta de Nendivei por segunda vez (había tenido que volver a entrar a buscar el teléfono celular). Desde alguna parte, pero seguro provenientes de la banda de sonido de mi vida, llegan a mí versos de Serrat:

Cerré mi puerta una mañana y eché a andar.

Yo también. Pero no de la montaña al Mar. O tal vez esta última parte sí, porque mi destino es Puerto Madryn. Es extraña esta sensación de dejar Nendivei solo. Amaría se fue ayer a Aluminé a pasar unos días con nuestra amiga Mari Vega. También para eso sirve la misma canción:

Porque te quiero a ti. Porque te quiero,
aunque estás lejos yo te siento a flor de piel.


El río Chubut me hará compañía para extrañarla en medio de la Naturaleza

Como un viaje de mil millas empieza con un paso, por ahora camino hasta la esquina y doblo a la derecha tres largas cuadras hasta la parada del colectivo con un bolso pesado e incómodo para transportar.

El Rutabus tarda mucho y esto altera mi plan original que era: Rutabus hasta Pilar, Expreso Pilar hasta Plaza Italia y 160 ó 37 hasta Aeroparque. Puedo tomar sin demora el Expreso Pilar y éste avanza rápidamente pero pronto comprendo que no llegaré a Aeroparque a las 11 horas. Así es que decido cambiar el plan. Desciendo en puente Saavedra y le pregunto a un taxista cuánto cuesta un viaje hasta Aeroparque. Aproximadamente 150 pesos, dice. Tengo $200. Lo tomo y llego a tiempo a Aeroparque, donde ya están Martín y Ale. En la sala de embarque se nos acerca Powa.


Tras agradable vuelo, aterrizamos en el aeropuerto El Tehuelche. Tenemos suerte de poder ubicarnos los cuatro y nuestro equipaje en un utilitario que nos transportará al hostel. Durante el viaje, Ale dice: “Quedémonos aquí”. Le pregunto si recuerda el tango de ese nombre tan bien cantado por Roberto Goyeneche con la orquesta de Atilio Stamponi. Canto las primeras estrofas y él, de inmediato, se pone a silbarlo.

Es desagradable nuestro primer contacto con Puerto Madryn. Los alambrados retienen cientos de bolsas de plástico. Todo cambia a la vista del Mar, específicamente el Golfo Nuevo con su horizonte azul. La ciudad colabora con su generosa costanera, que bulle de gente dado que se están desarrollando aquí Los Juegos Nacionales de Playa y hay delegaciones de todo el país.

Tras liberarnos del peso del equipaje en el hostel El Gualicho, vamos a almorzar en el restaurante Náutico Bistró de Mar, entre la costanera y la playa. Una numerosa bandada de gorriones y dos palomas están atentas para limpiar manteles y paneras de las mesas que se van desocupando. Su rápida y meticulosa labor también abarca el piso. Me recuerda a las palomas que, en estación Retiro, aguardaban la llegada del tren y el descenso del pasaje para ingresar a los vagones y hacerse de lo mucho comestible que queda en el piso.

El Museo Oceanográfico, donde Ale y yo proponíamos ir, cerró a las 16 horas. Optamos entonces con Ale en recorrer el muelle … que está cerrado por reparaciones. Caminamos por la zona comercial buscando algo para regalar a nuestras respectivas parejas. Muchos negocios están cerrados por la crisis y las pocas cosas que nos gustan como para regalar son carísimas. Cada tanto, Ale silba el tango Quedémonos aquí.

Volviendo al hotel, mateamos con Martín en el bullicioso salón invadido por cordobeses.

Aunque no tengo hambre, salimos a cenar en la cantina El Náutico.

 

2 de Marzo de 2019.

Desayunamos tranquilamente hasta que Pablo Passera viene puntualmente a buscarnos.

Nos detenemos en Trelew para cargar combustible en la misma estación de servicio donde en Enero de 2012 nos detuvimos Amaría y yo, a bordo de Aldebarán, para averiguar dónde vivía Ariel Hughes.

Transitando la R25, agradezco esta posibilidad de recorrer sin tener que conducir, lo que me permite observar, consultar el mapa de la provincia de Chubut y escribir. Ale dice que parezco Ulrico Schmidel 1 .

En Las Plumas (travesía de Edwin)2 tomamos primer contacto visual con el río Chubut3 en un punto donde éste tuerce al SudEste. A partir de este punto, el paisaje, sin dejar de ser estepario, está poblado de cerros, mesetas y serranías. Se destaca al SudOeste la Sierra del Guanaco y al NorOeste el cerro Cabeza de Buey. Faltando poco para llegar a la localidad Los Altares, el cerro Batastini (781 mts).

Llegamos a la estación del ACA en Los Altares. La única vez anterior que pasé por aquí fue hace 22 años pero en sentido inverso. Veníamos de Esquel con Amaría a bordo de Selene.

Tras la estación está el campamento donde nos embarcaremos tras el almuerzo. Grandes rollizos de los árboles cortados nos sirven de asientos y mesas. Somos doce en total. Guía Pablo Passera con la asistencia de Jorge Barone y Antonio Armada. Además, están Antonella (pareja de Antonio), el matrimonio Bibi y Mario, Javier, Arrigo, Powa, Martín, Ale y yo.

1era cena y campamento (por Antonio Armada)

Poco es lo que remamos en este primer día hasta nuestro primer lugar de acampe: una playa de arena relativamente angosta con varios sauces cercanos. La corteza de estos árboles parece quemada pero es su color natural. Allí mateamos, picamos y cenamos bifes con verduras asadas. Martín y yo armamos carpa bajo un sauce. El Cielo está nublado, dejando ver sólo alguna estrella aislada, por lo que decido dormir dentro de la carpa. Además, hay viento.

 

3 de Marzo de 2019.

¡Hélas! La mañana se presenta totalmente despejada. Pablo confirma que durante la Noche el Cielo explotaba de estrellas.

Un día duro de remada. Muy pronto el río Chubut muestra cómo será gran parte de nuestro recorrido. En general, es poca la profundidad. En algunas partes, los kayaks se varan en las piedras o en bancos de arena. Constantemente hay que buscar el sitio más profundo para poder pasar. Si quedás varado, a veces lográs pasar moviendo la embarcación con el cuerpo en el mejor de los casos. Otras, el único recurso es bajarse del kayak y arrastrarlo hasta donde la profundidad sea suficiente. El Agua no es fría. Es mayor la molestia de volver a ajustar el cobertor del habitáculo. El paisaje es bonito, algo similar al del río Santa Cruz, aunque este río es más angosto: estepa con áridas elevaciones que exhiben su historia geológica.

El timón del kayak verde y blanco que me han dado no responde bien. Su pedalera es dura y a veces se traba. Eso, sumado a mi escasa experiencia en kayak individual, me retrasa. Normalmente soy quien va a la retaguardia aunque es claro que Antonio trata de mantenerse cerca.

Por hermosos paisajes esteparios, recorremos unos 35 kms que me resultan agotadores. El esfuerzo y la tensión por el control del kayak me han entumecido las cervicales y las piernas me duelen, cosa no habitual dado mi permanente ejercicio ciclista.

Nuestro sitio de acampe de hoy es un amplio espacio de suelo arenoso colonizado por cortaderas, sauces y espinillo que se extiende entre la costa del río Chubut y el paredón de una alta meseta arcillosa. Con Martín armamos la carpa en un sitio del arenal relativamente alejado de los demás, que han buscado la protección de árboles. Nuestra lejanía es calificada por Bibi como propia de “racistas asquerosos”. ¡Tomá! En cambio, a Antonio lo imagina como al Principito.

Mis compañeros han salido en una caminata hacia arriba de la meseta. Los alcanzo cortando camino trepando el roquerío. Estoy demasiado cansado para hacer el largo trayecto que ellos hicieron para subir.

Antonella y el Río Chubut en una de las caminatas (por Antonio Armada)

Hoy cenamos verduras asadas al disco. Con Ale y Martín hacemos un corto paseo por la playa. Mi cansancio es tal que, ya cerca de la carpa, tropiezo y caigo, afortunadamente sobre la arena.

Mi condición física, sumada al Cielo nublado, determinan que duerma en la carpa. Pero no me es fácil conciliar el sueño hasta que se pasen los fuertes calambres que atenazan mis piernas.

 

4 de Marzo de 2019.

La mañana totalmente despejada indica que, nuevamente, las estrellas me han sido esquivas. Lo positivo es que mis dolores, salvo el de cervicales, han desaparecido entre las brumas del sueño.

La vista mañanera del río Chubut también nos recuerda ese tango ubicuo:

Abre tu vida sin ventanas.
Mira lo lindo que está el río.
Se despierta la mañana y tengo ganas
de juntarte un ramillete de rocío.

El ramillete sería para Amaría.

Julian avanza por un sendero en la meseta (por Antonio Armada)

Subimos otra vez a la meseta, esta vez para hacer una caminata más larga. Desde arriba hay muy bonitas y amplias vistas del río Chubut, sus meandros y la vegetación de sus orillas. Descendemos por un sitio más abrupto que nos da la posibilidad de contemplar muy interesantes formaciones rocosas. Antonella llama la atención sobras unas piedras que parecen bocaditos Marroc. Ale me alcanza una redonda y pulida cuya parte inferior delata que el interior está lleno de cristales. ¿Una pequeña geoda?

Ale, Antonio y yo volvemos conversando. Tres perros nos alcanzan y, en seguida, un paisano a caballo. Nos pregunta si somos de Los Altares. Entiendo que se refiere al caserío donde ayer nos embarcamos. Ante nuestra respuesta negativa, explica que la gente de allí le hace daño. A mi pregunta sobre qué tipo de daño, responde simplemente: Daño.

Un paisano nos pregunta si somos de Los Altares (por Antonio Armada)

Desarmamos campamento y nos embarcamos. Por los problemas de timón me asignan otro kayak. Este es celeste y blanco y realmente responde bien. El que tripulé ayer lo toma Jorge, el fotógrafo del convoy, manifiestamente aficionado a la fotografía nocturna. Pronto es notorio que Jorge no tiene problemas para dirigir el mismo kayak que a mí me era trabajoso. Mis dificultades, de todos modos, afloran aquí y allá. Estrechos pasos de Aguas someras y fuertes corrientes más ramas de sauces proyectadas sobre el río complican mi navegación de novato en kayak individual.

Pablo y Javier sacan del río a un carnero (por Antonio Armada)

Un cordero ha quedado atrapado en el barro de una orilla barrancosa a babor. Pablo se detiene para liberarlo. Y lo logra, ayudado por Javier.

Cerca del fin de la remada, no logro dominar el kayak en la fuerte corriente junto a una pared rocosa a babor. La proa se introduce entre dos troncos. La fuerza de la corriente lo libera pero al precio de navegar con la popa hacia adelante. Tratando de ponerlo nuevamente de proa, la popa golpea contra las rocas y el timón se rompe.

A partir de este momento imagino cómo se habrá sentido la tripulación del acorazado Bismarck cuando sus timones quedaron inutilizados por el impacto de un torpedo inglés. Con la importantísima diferencia que el Bismarck no contaba con la cercanía y la buena disposición
del “Principito” Antonio que, viendo mis crecientes dificultades, ata un extremo de un cabo a la proa de mi kayak y el otro extremo a su cintura. En un principio, protesto porque creo que esto le demandará un gran esfuerzo. Pero pronto veo que no es así. Si yo logro mantener corta distancia entre ambos kayaks de manera que el cabo no esté tenso, el esfuerzo de Antonio se limita a mantenerme la dirección. Y en esto también puedo colaborar, utilizando la pala como timón. Cuando nos acercamos a un paso estrecho del río, Antonio me indica que mantenga el cabo tensado y que reme fuertemente en los momentos decisivos.

Llegamos a la zona de las formaciones denominadas Los Altares. Esta Tarde, por momentos, el viento ha sido particularmente intenso. Sus rachas atravesaban el río transportando nubes de polvo amarillento. Armamos campamento en un lugar a estribor (los dos anteriores fueron a babor), donde la profusa vegetación ofrece bastante reparo si tenemos en cuenta la intensidad de las ráfagas. Próxima a un sauce armamos la carpa, cerca de la que ya armó Ale, pero con vista al Cielo para observar las estrellas que esta Noche no se nos escaparán dado que el Cielo ya se está despejando de Nubes y el Viento va amainando su furia, postrándose poco a poco los pies de la Noche que se aproxima.

Jorge se ha ido a la ruta para viajar “a dedo” hasta donde quedaron los vehículos y traer el utilitario.

Bibi me dice que Martín le ha contado lo hermosa que es mi casa. Esto da pie para que le cuente cómo nos conocimos Amaría y yo, el tenor de la carta que yo le envié y por qué y cómo decidimos nombrar Nendivei a nuestra casa.

La aparentemente modesta suave irrupción de Alfa Centauro y Hadar (o Beta Centauro) indica que la Noche viene pisando fuerte, aunque su paso, como el de la Primavera, parezca grácil. No es un dato menor que las dos estrellas nombradas (las más brillantes de esta constelación) son los que marcan los cascos delanteros del Centauro.

Pronto se inunda el Cielo de luces bienhechoras. Poco importa el guiso de lentejas, muy bien preparado por Pablo. Mis ansias sólo aguardan el momento en que pueda quedarme inmóvil con la vista extasiada en lo alto, a la espera de algún aerolito con que la Azul quiera premiarme. El momento llega y luego, gracias a la idea de Martín de cómo orientar la entrada de la carpa, puedo acostarme y quedar con la cabeza perdida entre las constelaciones hasta que no sepa si estoy observando las estrellas o si sueño con Ellas.

Poco antes de esto vi pasar en la oscuridad el lúgubre cortejo de cuatro hombres con linternas frontales llevando un kayak herido en dirección a la ruta para cargarlo sobre el vehículo que trajo Jorge. Era el SDK que yo tripulé y dañé.

 

5 de Marzo de 2019.

Nos levantamos más temprano que lo habitual. La causa es que Powa, Ale, Martín y yo debemos tomar el avión que sale de Madryn a las 15:15. No es mucho lo que remaremos hoy. Vuelvo al kayak verde y blanco que ha quedado libre dado que Jorge conducirá el vehículo hasta el sitio donde desembarcaremos. Los comandos del timón siguen tan desastrosos como antes, a pesar de los intentos de Pablo por corregirlos. Cada vez que oprimo un pedal, un desagradable sonido metálico se deja oir. Navego asi, mientras y como puedo, hasta que, nuevamente, Antonio se hace cargo de remolcarme como hicimos ayer.

El paisaje, mientras tanto, es hermoso aunque el Sol no se muestre tras las Nubes. Grandes paredones de rocas nos flanquean. Es más difícil también estimar la profundidad del Agua por la ausencia de Sol.

Llegamos al sitio final de desembarque. Subimos los kayaks y debemos pasarlos entre una maraña de vegetación y un alambrado hasta llegar a la R25. Allí nos aguarda Julio, amigo de Pablo, quien nos trasladará a El Tehuelche. Retomo la escritura mientras mateamos y desayunamos en el viaje. Julio se detiene en una confitería de Trelew para que compremos nuestro almuerzo. Llegamos al aeropuerto con tiempo suficiente para que Ale y Martín despachen su equipaje, asearnos (un poco) y embarcar sin apuro. Mientras Aguardamos la hora de embarcarnos, Ale silba el tango Quedémonos aquí. Me mira y dice, sonriendo: “Qué persistencia ha tenido este tema”.

Es hermoso poder contemplar desde arriba una gran manada de Nubes que se extiende hasta el horizonte, viéndolas proyectar sus múltiples formas sobre la tierra. Y por encima del avión, los finos trazos de los cirros. Es curioso cómo se ha ido modificando mi patrón de belleza sobre el aspecto del Cielo. Cuando joven ansiaba los Cielos exentos de Nubes. Mi fanatismo por jugar al tennis cada vez que podía me inclinaba a creer que, si había Nubes, era más probable que lloviera o hubiera Viento, cosas que impedían o dificultaban la práctica de mi deporte entonces favorito. A medida que me fui convirtiendo en un ser viajero y de Agua, he simpatizado cada vez más con las Nubes, sabiendo que son las mayores viajeras de este mundo y transportan el líquido vital.

Entre la multitud presente en Aeroparque falta la sonrisa de Amaría. Pero es reconfortante pensar que está disfrutando en casa de Mari, en el lindo Aluminé.

Powa se despide diciendo que espera que nos encontremos en alguna otra travesía. Martín se va en taxi. Ale se va con su hija que vino a buscarlo. Yo me apresuro para llegar a la parada de ómnibus, aprovechando que el semáforo tiene retenido al 160. Así llego a Plaza Italia. Como en el 2011, cuando regresé del río Santa Cruz, tomo el 57 Expreso hasta Pilar, donde trasbordo al RutaBus hasta Fátima.

Anochece cuando llego a Nendivei. Aquí se nota más la ausencia de Amaría pero siempre la casa de uno es un puerto seguro.

 

Epílogo

Finalmente pude navegar un tramo del río Chubut, apenas unos 80 kms. Extrañé a Amaría pero menos ansiosamente, ya que sabía que no la encontraría físicamente cuando yo volviera a Nendivei. Hice mi primera experiencia en kayak individual. Espero que la próxima vez me desempeñe mejor y haya mayor caudal de Agua. Mis compañeros y compañeras de viaje, excelentes. El clima, muy propicio.

 


Banda de sonido

Tu nombre me sabe a hierba – Leyanis López
Quedémonos aquí – Héctor Stamponi
Lacrymosa (Requiem, K626, Mozart) – Academy of St. Martin-in-the-Fields
The journey home – Michele McLaughlin


  1. (1510/1580) fue un soldado lansquenete (mercenario), viajero y cronista de origen alemán, famoso por la publicación en 1567 de su Verídica descripción.
  2. En julio de 1871, Edwin C. Roberts acompañó a dos ingleses a remontar el río en busca de oro, llegando hasta el valle de Kel-kein (un poco más al oeste del actual Las Plumas). Desde entonces este trayecto se denomina “Travesía de Edwin”.
  3. El nombre Chubut proviene del vocablo chupat,​ perteneciente a una lengua transicional entre las etnias tehuelches meridionales y septentrionales, llamada tewsün o teushen.

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